
La historia del militar que izó la bandera de la Segunda República en la Puerta del Sol.
El teniente Mohíno quedó asociado al 14 de abril de 1931, cuando la proclamación de la Segunda República convirtió la Puerta del Sol en el escenario de un episodio ligado tanto a la historia del país como a la suya propia.
A su llegada a la plaza, el vehículo en el que viajaba atrajo todas las miradas. Mohíno, un joven de 26 años, vestido con uniforme militar y con una gran bandera sujeta al cinturón, se encargará de izarla en el Ministerio de Gobernación.
Existen numerosas instantáneas de aquel momento. La más conocida es la tomada por Alfonso Sánchez Portela, que refleja el clima de expectación que se vivió en aquel instante. Mohíno aparece en el centro, de espaldas, sosteniendo la enseña.

Proclamación de la Segunda República en la Puerta del Sol. Alfonso Sánchez Portela, AGA
Pasaron los años. Aquella notoriedad dio paso a un contexto muy distinto. El Golpe de Estado de 1936 le sorprendió como capitán del Regimiento de Zapadores y Minadores nº 7 en Alcalá de Henares, donde acabaría alineándose con los sublevados.
El 20 de julio, en medio de la confusión y los enfrentamientos internos, salió del cuartel con un pequeño grupo de militares y una banda de música, portando de nuevo una bandera tricolor. Se dirigió al ayuntamiento con la intención de izarla en el consistorio.
Durante el acto se lanzaron vivas a España, a la República y al «Ejército honrado». El mismo gesto que años atrás le había dado notoriedad adquiría ahora un significado completamente distinto.

Proclamación de la Segunda República en la Puerta del Sol. Archivo NAC
Tras el fracaso de la sublevación en Madrid y en Alcalá de Henares, fue detenido. Dos días después compareció ante un Tribunal Especial constituido en la propia Cárcel Modelo y fue condenado a muerte por rebelión contra el Gobierno de la República.
La ejecución tuvo lugar el 24 de agosto de 1936 en los terrenos de la Ciudad Universitaria. Fue enterrado en una sepultura de caridad en el Cementerio del Este. Su cuerpo no fue reclamado.
Una bandera le condujo a la fama. Otra, a la muerte.
El mismo gesto. Dos épocas. Un destino opuesto.
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